La esencia, la puerta de mi alma, es invisible al que no
quiere verla.
De pronto todo comienza de nuevo, descubrí esa sensación que me abrió una puerta hacia lo
desconocido, donde nada es obvio pero a la vez es un reflejo de mi alma, de mi
esencia, algo en lo que no es necesario profundizar, para llegar a conocer o
sentir, porque mi sub consciente me dice que los años, no son años, son siglos,
que mis vidas anteriores van más allá de lo que yo misma he vivido una y otra
vez. Desvanezco, en lo exterior, no soy nada, pero a la vez lo soy todo, porque
mi boca y mis ojos, al espectador y buen explorador, que se arriesgue a asumir
las consecuencias de conocerme, de entender, más allá de lo corporal, sino en
la trascendencia de mi alma, verá lo que yo veo, cuando contemplo al mundo,
sentirá lo que sentí en vidas pasadas, creará y será capaz de generar en mi,
una nueva vida, llena de anhelos, sentimientos, sensaciones y tristezas, pero
al final, sólo queda la melancolía…
Sólo espero dejar atrás esas vidas, que me hacen ser lo que
soy, pero al mismo tiempo me permiten sentir cosas nuevas, abrazar la vida y
todo lo que conlleva, la melancolía es un sentimiento que está determinado a
desvanecerse, como si no hubiese amado, como si nunca hubiese sufrido el hambre
por amarte, como no si no fuera capaz de anticiparme a los hechos que nos hacen
ser animales, mi raciocinio no es apto para mi cuerpo, soy tan inconsciente de
mi realidad, a mis ojos inocentes pero al mismo tiempo perturbados, mi cerebro
explota de impotencia al no poder hacer nada más al respecto, que aceptar los
hechos, abrazarlos, amarlos, pero dejarlos como recuerdos de vivencias que
marcaron vidas pasadas.
La melancolía se va…y yo sigo viva.
Gracias porque inconscientemente me diste eso.

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